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sábado, 19 de diciembre de 2015

Destruir para crear

   Paisajes inhóspitos pueblan mis pesadillas. Risas desangeladas me hielan el corazón y hace que respire entrecortadamente mientras las sábanas van formando un revoltijo mayor que el de mis pensamientos. Sonrisas que de pronto se convierten en muecas y convierten las luces en sombras, los días brillantes en noches eternas.
   Una vez más soy consciente de que la misma herida se inflige una y otra vez, nunca cura y siempre sangra lágrimas más amargas que el icor. Veo los mismos rostros que se pasean a sus anchas por mis recuerdos y vuelven a clavarme un puñal emponzoñado en las entrañas. Por detrás, como hacen los cobardes. Son despiadados y han traicionado la confianza que en ellos deposité. Conocen mis secretos y los utilizan para afilar el puñal y adentrarlo una vez más en mis sueños rotos.
   Sin embargo, el tiempo va pasando y me acostumbro a la presencia del dolor. Han tocado lo más hondo de mi corazón y han destruido un vínculo irremplazable. Se han reído de mis vulnerabilidades y han hecho que me habitúe, una vez más y por instinto, a desconfiar y a no entregarme. Pese a todo, han creado una versión más fuerte de mí misma que se envuelve en una coraza para salir al mundo. Es cierto que es un facsímil que se quiebra con facilidad, pero no dejo que lo vean.
   Me han destruido y han creado una nueva barrera a la que se enfrentan cuando vuelven durante la noche y luchamos infinitamente. Un día, no obstante, seré yo quien los destruya y cree una versión original a la que nunca más le saldrá un game over en pantalla. 
   Destruir para crear. Crear para destruir. Un ciclo sin fin en el que aún no he pronunciado la última palabra.