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miércoles, 6 de abril de 2016

Día de suerte

El viernes pasado tuve lo que puedo llamar sin titubear mi día de suerte. Estaba dando una vuelta por el barrio con mi madre cuando le propuse acercarnos a la biblioteca, ya que hay una mesa en el hall donde la gente deja los libros que ya no quiere para que otro los pueda adoptar. Normalmente está casi vacía, pero justo ese día, al llegar allí, nos encontramos con un hado padrino.
Al lado de la antedicha mesa había un chico vaciando una mochila con decenas de títulos y no pude evitar abrir los ojos como platos: había verdaderas maravillas. De hecho, entablamos conversación y me contó que si se deshacía de esos libros era porque se mudaba y tenía que aligerar equipaje, aunque se le notaba que no le fascinaba tener que "abandonarlos". Incluso me recomendó sus títulos preferidos.
En un primer momento, pensé en llevarme solo uno o dos de esos libros para que así otro también se llevara la misma sorpresa que yo al descubrir aquel tesoro. Sin embargo, había demasiados que me gustaban y no pude elegir, así que al final vinieron conmigo a casa dieciséis nuevos hijos. Lo siento por los demás. A cambio llevaré otros libros que tengo por casa y que sé que nunca voy a leer.

Ahora solo falta encontrarle sitio en alguna parte de mis estanterías. No será tarea fácil.