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Sobre mí

Cada vez que tengo que escribir un «Sobre mí» me siento ridícula. ¿A alguien le interesa mi nombre o procedencia? Mis gustos, tan comunes, poco pueden aportar al contenido de este pequeño blog.
Soñar despierta se me da bastante bien, pero la realidad me pellizca el brazo cada día y me baja a este mundo en el que contar mis anhelos se vuelve estúpido.

Pero incluso si estas presentaciones no tienen sentido, si nadie nunca lee lo que aquí pongo, el pepito grillo de turno me dicta lo que debo hacer, como si de un navegador GPS se tratase, y queda feo llegar a algún sitio y no contar algo sobre uno mismo:

Me llamo Sandra y nací en Valencia (España) el 22 de octubre de 1992. Sí, el año de las olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla, así que tengo un peluche de Cobi por algún lugar de mi habitación.
Desde pequeña me ha encantado leer y, como buena lectora, he hecho mis pinitos en el mundo de la escritura. Cuando estaba en el colegio me creía alguien porque se me daba bien redactar, luego me di cuenta de que en el mundo hay mucho más de veintiocho personas y que quizá era una doña nadie con aires de grandeza. Ahora los aires ya se han volado, pero soy consciente de que me queda mucho por aprender si quiero escribir más de dos páginas seguidas.
Por el camino he estudiado para ser traductora y defender que, aunque Google parece el gran salvador universal, Google Translate y demás familia no son nuestros mejores amigos si queremos que la persona que lee la traducción se entere de lo que quería decir el que escribió eso. ¡Ah! Y el primo que fue dos meses a Inglaterra quizá tampoco es la persona que mejor puede traducir algo si no se quiere quedar en ridículo.
Durante la carrera conocí Normandía y quedé prendada por sus encantos, por su verdor y por el apego que le tienen a los paraguas y chubasqueros. Vale, por esto último quizá no tanto, pero como me dijeron una vez: si es una región tan verde no es precisamente por el sol. Así que ahora vivo con el corazón dividido entre Valencia, Normandía y..., vaya, esto se me va de las manos y empiezo a parecer Voldemort con sus Horrocruxes. ¡Menos mal que no tengo ningún basilisco en casa!

Poco más puedo decir, salvo que os doy la bienvenida a mi humilde morada y, aunque no prometo respuesta porque soy un desastre con patas, estaré encantada de recibir vuestros comentarios.

¡Saludos!

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